Volver a empezar
- Fatima Naomi Cabezas Villanueva
- 18 may 2025
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 3 jul 2025
Un emprendedor da una mirada a su duro pasado migratorio y nos cuenta lo difícil que es ser un trabajador independiente en Perú.

Ronald nos muestra orgulloso su pequeño negocio y nos cuenta un poco de su historia de vida. UJBM /Fatima Cabezas.
Por Fatima Cabezas.
Son aproximadamente las 11 de la mañana en el colegio "Jose Carlos Mariategui" en Ventanilla. En el patio principal se escucha el bullicio de la campana indicando que el recreo termino y mientras los alumnos corren en el patio dirigiéndose a sus aulas me encuentro a Ronald, dueño del kiosco, que mientras entrega una oreo a un alumno de primaria, levanta la cabeza y me saluda con una cálida sonrisa
¿Quién imaginaria que hace unos años dormía en un depósito?. En un país completamente extraño para él, con un colchón de visitas que Bertha, una bondadosa mujer, le ofreció sin conocerlo.
Narra con nostalgia, quizás por los recuerdos de la carrera que estudió. Lamentablemente la vida en su propio país no le permite ejercer. Hoy su vida cambió, dirige un pequeño kiosko con Luz, la abnegada esposa que ilumina su camino hace 25 años. Cree que todas las cosas buenas que le pasan se las debe a Dios. Lo supe desde que vi un rosario blanco colgado en la puerta de una vitrina llena de princesas y sublimes. Lo reafirmó: “Cada vez que se vende todo, siento que es una bendición”, menciono cuando me hablaba de los días difíciles.
El amable vendedor me recibe en su puesto de trabajo y lo primero que hablamos fue, por supuesto, del kiosko
¿Cómo nació el kiosco? ¿Fue una idea de mucho tiempo ?
Fue algo que surgió por necesidad. No tenia trabajo. Mi hija mayor nos ayudo con los contactos. Lo manejamos en familia. Mi esposa es quien lleva toda la contabilidad. Yo soy la mano de obra, ella tiene la experiencia y conoce bien el manejo.
¿Qué fue lo más difícil de comenzar?
El dinero. Para entrar a un kiosco se necesita capital. Se requiere una inversión considerable para armar los menús y también para comprar los productos.
No tuve miedo al fracaso , se que mi esposa y yo tenemos buena sazón. Además, yo tenía una experiencia indirecta, cuando era joven y estudiaba, mi mamá y mis tías tuvieron un kiosco por unos 5 años. Entonces ya sabía que en un colegio la venta es muy buena.
¿Consideras que es mejor trabajar de manera independiente que para una empresa?
Lógico. Trabajas para ti, sudas para ti, y lo que ganas es tuyo. En una empresa lo haces para otra persona y te pagan lo que ellos quieren, a fin de mes o por quincena. Claro que, como en todo trabajo, algunas personas son muy amables, otras simplemente te saludan y ya. Con los que son sociables, se crea un buen ambiente, pero siempre trato de mantenerme al margen. Nunca sabes cómo pueden interpretar lo que dices.
¿Y los permisos? ¿Es fácil regularizar un negocio dentro de un colegio?
No es fácil. Para entrar a un colegio se hace una postulación. Es como un trabajo cualquiera, pero...tienes que, “ganarte a la directores”. A veces se negocia con “ incentivos” y puedes concertar el monto también. Por ejemplo, si te piden 500 soles, tú puedes ofrecer 450. Al final, escogen al mejor postor.
Emigrar para sobrevivir
¿Qué te llevó a emigrar a Argentina?
La situación en Perú se puso terrible. En el trabajo donde estaba, no subían los sueldos. Las veces que lo subían era insignificante.
Hasta ahora, cuando hablo con mis amigos, me dicen que sigue siendo igual. A eso súmale que nacieron mis últimos chicos, que eran gemelos, entonces se necesitaba más dinero.
¿Cómo fue tu primera etapa allá? ¿Qué pasó el primer día, la primera semana?
Duro, no tenia dónde estar. Pensé que iba a ser fácil todo, porque conocía gente, pero nunca contemple en dónde me iba a quedar. Como muchas personas que emigran, imagine que iba a llegar y encontrar a alguien que me esperara, pero no fue así. Nunca imaginé no tener un sitio donde dormir. Eso fue lo que me falló.
La primera noche dormí en la casa de Panchito, el joven que yo cuidaba. Dormí ahí porque las hermanas no se daban cuenta, él vivía solo. Después de esa noche no sabía dónde dormiría. Luego, prácticamente a escondidas me quedé en un cuartito donde guardaban cosas de invierno.
¿Crees que emigrar te hizo más fuerte o más vulnerable?
Más fuerte, completamente. Porque todo lo que haces, es por tu familia. Cada acción es pensando en ellos. Llegas y estás solo, tienes que cocinar, lavar, hacer todo tú mismo. Eso te hace más fuerte, sobre todo saber que con lo que ganaba mis hijos comían, se vestían y estudiaban. Eso me hacía feliz y de ahí salían mis fuerzas.
¿En qué momento supiste que tenías que volver a Perú?
Cuando empezó a subir el dólar y el peso argentino se comenzó a devaluar. Aunque ganaba más, el cambio ya no me convenía. Ya no era una ganancia para mí. Y además, ya era tiempo de regresar. Todo se complicó, también influyó mucho mis hijos, los pequeños ,sentí que mi esposa ya no podía estar sola.
¿Fue difícil aceptar que, al volver, ya no ibas a poder ejercer tu profesión como antes?
Sí, claro, sabía que no sería igual. Todo ha cambiado en Perú. Profesionalmente, si no inviertes, no tienes dinero o un padrino, no entras. Lo único que puedes encontrar es trabajo en una posta, pero igual, en todos lados se postula.
Anhelos y consejos
¿Te gustaría volver a trabajar en el área de salud?
Sí, me gustaría. Siempre tuve el deseo de trabajar en un hospital. Porque es donde uno realmente ejerce por completo su profesión, por más pequeño o grande que sea.
Pero ahora, con este nuevo trabajo que tengo, pienso que puedo dar para más, si en algún momento se da la oportunidad, mantendría mi negocio propio.
¿Qué le dirías a alguien que quiere trabajar de manera independiente ?
Que es muy difícil. Hay que encontrar un buen lugar, un sitio donde realmente se pueda vender. No sirve estar en un sitio donde no se genera movimiento.
Hoy en día muchos hacen dinero por internet, por Facebook, vendiendo productos chinos, ropa, cosas nacionales, ya no hay excusa.
Pero también el comercio está saturado. Todo el Perú está lleno de emprendedores. Hay que tener ángel para vender, si creen que lo tienen o que pueden desarrollarlo, que se arriesguen. Y si un joven decidiera emigrar hoy, ¿Qué consejo le darías?
Que si piensa hacerlo, mejor que lo haga cuando esté solo.
Mi consejo es: si vas a migrar, da todo por el todo. Pero no arrastres a la familia hasta que estés estable. Allá no se puede improvisar, mucho menos si una familia depende de ti.
Ambas decisiones son muy duras, tienes que esforzarte y mostrar todo tu potencial porque en este mundo tan competitivo no consigues nada sin dar tu mayor esfuerzo.
Suena la última campana del colegio. Luz busca con la mirada a su esposo. Él ve la hora en su reloj y con alivio comienza a cerrar las ventanas. Es hora de ir a casa. Ronald no busca grandes reconocimientos, lo suyo es mas profundo, ver a sus hijos crecer sin carencias, sostener a su familia con el oficio que se le presente , pero siempre con las manos limpias y agradándole a Dios, quizás algún día vuelva a ejercer la carrera que tanto amó, por ahora, brinda su vocación de servicio a niños con el mismo amor que le brindo a sus pacientes.



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